Autor: Juan Pedro Molina Cañabate

  • Todos son uno solo

    Ibrahim es de Marruecos y tiene una tienda de comestibles en el pueblo donde vivo. Desde hace algunos meses luce en la pared del establecimiento una camiseta del Atleti que Fernando Torres le firmó a su hija pequeña, una mañana que fueron a verle entrenar a Majadahonda.

    Como compartimos el amor por los mismos colores, el otro día pasé a saludarle y le dije:

    –Ibrahim, hay que rezar.

    Al principio se me quedó mirando extrañado. ¿Cómo era posible que un español le dijera a él que había que rezar? No lo comprendía. Le señalé la camiseta de Torres y le repetí:

    –Hay que rezar. A Dios, a Mahoma o a Mandinga. Pero hay que rezar para el día 28. Esta vez tenemos que ganar.

    Ibrahim rió y me dijo:

    –Amigo, todos esos son uno solo.

    –Pues eso, que el de arriba se entere, ya que es uno solo, que lo de Lisboa fue un accidente y que la Champions debe ser nuestra.

    Mis hijas y yo salimos con una sonrisa de la tienda. Ibrahim es una gran persona, da igual el equipo del que sea.

  • Estación de tren

    Yo era uno de esos solitarios que, de vez en cuando, iba a la estación de tren. A menudo llevaba un libro, me sentaba en un banco y me ponía a leer. Cada poco levantaba la vista para observar el trasiego de personas, el ir y venir, las despedidas, los reencuentros.

    Así, me di cuenta de que las personas mayores relativizan los adioses y las más jóvenes, por el contrario, les conceden una importancia que no tienen. En la estación me di cuenta de que, con una maleta en la mano y a punto de iniciar un viaje, las personas se muestran tal como son, de que los niños son valientes frente a los viajes y frente a los cambios, y de que las cafeterías de los lugares de paso siempre tratan de forma distante a los clientes.

    En la estación de tren me di cuenta de que la gente mira con desconfianza a los solitarios, aunque sólo roben miradas, aunque sólo lleven como arma un libro de bolsillo.

    Hace mucho, mucho tiempo que no voy a una estación de tren.

  • Hello world!

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  • Dos caballeros

    Fue hace muchos años. Por aquel entonces no existían los teléfonos móviles y yo era un joven que empezaba a salir a cenar con amigas y amigos.

    Una de esas noches, en un restaurante, presencié una escena tan especial que aún la recuerdo. Un par de mesas más allá de la mía estaban sentados dos chicos que no llegaban a los treinta. Iban vestidos casual tirando sólo a moderno. Hablaban, al parecer, del viaje que iba a hacer uno de ellos.

    De repente uno se levantó y fue baño. Un segundo después, el que había quedado metió la mano en un pequeño bolso que había apoyado en el respaldo de su silla y sacó un pequeño paquete alargado, envuelto en papel de regalo.

    Lo dejó delante del plato de su acompañante.

    Cuando éste llegó, preguntó extrañado qué era ese paquete.

    —Ábrelo.

    El chico lo abrió y encontró una preciosa estilográfica azul. Le miró y sonrió.

    —Es para que me escribas –continuó.

    Fue hace muchos años, digo. Durante unos minutos estuvieron sentados, mirándose a los ojos, en silencio, con una de las miradas de amor más sinceras y bonitas que he visto nunca.

  • Perceval es quien persevera

    Desnudo y sin el peso de su armadura de caballero, Perceval descubre, tras sufrir muchas penalidades, cuál es el secreto del Santo Grial. Este secreto le servirá para sanar a su rey, Arturo, que se encuentra enfermo y sin ganas de vivir. «Vos y vuestra tierra sois uno», le dice.

    Al menos, así lo cuenta John Boorman en su película Excalibur, de 1981.

    Aunque magnético, el personaje de Perceval es uno de los más desconocidos de la mitología artúrica. Ha sido modulado por la imaginación de muchos autores (obra poética, prosa y audiovisual). La visión más universal es la del monje Chrétien de Troyes, escrita en 1180.

    Quizá Perceval nos enseñe algo. Su fuerza consiste en resistir de forma repetida y de una manera tan natural que se queda interiorizada.

    El mito de Perceval es ejemplo claro del viaje del héroe descrito por Joseph Campbell en su libro. El héroe de las mil caras. A través del estudio de distintas religiones y mitologías, Campbel descubrió que en todas las culturas los héroes/heroínas siguen 12 pasos. Culminan con la vuelta del héroe a su punto de partida, con un secreto desvelado, un elixir mágico, un premio. Perceval vuelve a Camelot con el Santo Grial.

    Si continuamos con la teoría literaria, descubriremos que la búsqueda que Perceval hace del Santo Grial tiene los elementos del sistema actancial de Greimas.

    «Perceval es quien persevera», me dijo un amigo hace muchos años.

    Excalibur y el Santo Grial

    ¿Quieres recordar algunas escenas de la película de Boorman?

    Antes de encontrar el Grial, Perceval es tentado por Morgana.

    Tras haberlo encontrado, lo lleva a Arturo para que éste sane,

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  • Para reconocer a un auténtico caballero

    Detalle del retrato de Erik Satie (por Ramón Casas)
    Detalle del retrato de Erik Satie (por Ramón Casas)

    Querido verdiano:

    En este mundo estúpido en el que todos hemos caído en el poder de la imagen, me he dado cuenta de que los verdaderos caballeros son aquellos que nunca dicen que lo son.

     

  • Que no, que no

    Salgo de la rotonda con el coche.

    Me fijo, por el retrovisor, que el auto de detrás está conducido por una joven, que me frunce el ceño y me dice «que no, que no» con la cabeza.

    Tomo la siguiente rotonda de película. Palabra. Mejor que cuando me enseñaron en la autoescuela. Qué lujo en el uso de los intermitentes, oigan. Qué limpieza de trazada.

    Me vuelvo a dar cuenta, gracias al retrovisor, que la señorita de detrás sigue enfadada, sigue diciendo «que no, que no» y que, ahora, empieza a gritarme.

    Parece hasta peligrosa. Joder.

    Y ella, «que no, que no».

    Semáforo en rojo. Apago la radio. Bajo la ventanilla. Agudizo el oído.

    La señorita de atrás viene cantando a Alejandro Sanz.

  • Los Reyes Magos nunca fallan

    Cabalgata de Reyes Magos en las afueras de Madrid, en el pueblo donde vivo.

    Al paso de Melchor, un padre bromista le grita:

    —¡Quiero el balón de la Liga! ¡Quiero el balón de la Liga!

    Parece que Melchor pasará de largo. Está pendiente de repartir caramelos entre los niños. Pero no: ha oído al padre. Se da media vuelta le señala con el dedo, cómplice, sonriendo, y le contesta:

    —¿Qué te crees? ¡Lo sabía! ¡Ya lo sabía!

    Los Reyes Magos nunca fallan.

  • ¿Quieres bailar?

    Y, de repente, nos damos cuenta de que somos tipos con suerte. Pese a todo. Tipos, tipas con suerte. Así que bailemos para que se quede con nosotros, para que no se vaya jamás. Y para que, si lo hace, afrontemos de buena manera lo que venga, lo que sea. ¿Quieres bailar?

    Imagen del post: Escena de Zorba, el griego (Michael Cacoyannis, 1964)

  • Piel de invierno

    Tendremos que buscar
    dentro
    la luz que la noche nos niega.