Maldición: conforme avanza el calendario los días son más cortos. Me di cuenta de ello la otra tarde, cuando daba la cena a mi hija mayor en el balcón de casa. A ese momento corresponde la foto que te traigo en este post.
Nunca he aborrecido una estación en concreto, pero sí el tránsito de una a otra. Sí, chicos: no me desagrada el otoño, pero el fin del estío me llena de una profunda melancolía.
Creo que no queda más opción que tomarnos este tránsito como un toque de atención que nos da el verano para apurar hasta su última gota, como cuando decidimos saborear de principio a fin un buen zumo de naranja.
¿Estáis preparados? Venga, tomad el vaso. ¿Lo veis? Naranja, maravilloso. Tomadlo, elevadlo al sol, mirad su brillo, acercáoslo a la boca, sentid la leve acidez en los labios, en la lengua, en el paladar. Tomad un primer sorbo. Ya baja por vuestra garganta. Os va llenando de la luz del sol con la que la naranja se nutrió al crecer.
¿Queréis tomar otro sorbo? ¿Sí?
Salud. Y, por favor, no os olvidéis de ser felices.

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