El speaker era un auténtico gamberro, un macarra gracioso que nos estaba dejando con la boca abierta. Confieso que, en un principio, yo no quería entrar al show. No sé, quizá porque ya estaba cansado, quizá porque esos animalejos, ahí, amaestrados, me dan algo de pena. Pero el caso es que mi mujer, mis hijas y yo habíamos ido al Parque Natural de Cabárceno, habíamos dejado para el final el número de los leones marinos y las chicas lo querían ver.
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Angelitos
El espectáculo ya había comenzado cuando entramos. A los pocos segundos, ya teníamos dibujada una sonrisa en la boca.–A ver –decía el speaker con acento casi madrileño aunque estábamos en Santander–, quiero un voluntario. Pero no un niño. Quiero un padre, ¿entendedido? Quiero un tío feo. Que sí. Quiero un tío feo. Como habéis pagao, podéis elegir entre el público al tío feo que queráis. Venga va, y señalando con el dedo, ¿eh?Toda la gente empezó a reírse.¿Habéis oído eso de la calma antes de la tempestad?Pues después de la sonrisa general, sentí una calma, algo casi-casi espiritual, no sé, una luz, como si entrara en otra dimensión…El público quedó en silencio.Entonces, mi hija Mónica (7 años) dijo en voz (muy) alta:–PAPÁ, TÚ, TÚ, SAL TÚÚÚÚÚÚÚ.Creo que el lince todavía se está descojonando. El león marino, ni os cuento. El speaker me mandó un guasap ayer diciéndome que no me preocupe, que son cosas de niños.Angelitos… -
Reflexiones de un conductor tardío
Conducir un automóvil es como guiarse por la vida:
–Hay que avanzar a la velocidad adecuada. Cada uno tiene su propio ritmo y lo importante es llegar–Te sientes realmente bien es cuando llevas a alguien y eres útil. Si ese alguien es un niño, ni te cuento
–A veces, lo más bonito del viaje es eso: el hecho de viajar, simplemente
–Cuando la conducción se complica por cualquier circunstancia, lo mejor es apagar la radio, sentir el silencio y escucharse a sí mismo
–Es fantástico hablar con tu pareja cuando está a tu lado. A veces basta tan sólo con sentirla al lado
–Hay mucho frustado suelto que se cree importante por llevar un volante entre las manos. Generalmente, son los que agobian a los conductores novatos
–Es de inteligentes ignorar las ofensas
–Es de inteligentes respetar–Hay tipos nobles con paciencia infinita
–El exceso de confianza puede provocar accidentes
–Hay que mirar en todas las direcciones. Y a corto, medio y largo plazo
–Hay que ponerse en la piel de los demás para comprender ciertos comportamientos en la conducción–Hay que ser indulgente con los conductores mayores
–Hay que parar cuando uno está cansado
–Es necesario prestar auxilio a quien lo necesite
–Hay que olvidar los problemas cuando tomas un volante si no quieres tener un susto provocado por un descuido o falta de atención
–Hay que saber cuáles son nuestras virtudes y nuestras limitaciones
–Los baches, las curvas pronunciadas y los caminos mal asfaltados son parte del camino. Estas circunstancias adversas son temporales. Y, frente a ellas, tienes dos opciones: o las pasas o las pasas
–Es maravilloso llegar al destino sabiendo que no has hecho ninguna jugarreta a nadie -
¿Pez o sirena?
26 de junio, calor insoportable en la piscina de la comunidad de vecinos.
Mis dos hijas, dentro del agua, pasándoselo bien. Mónica (7 años), nadando ya a varios estilos, haciendo valer las clases de natación que ha recibido en la escuela municipal durante los meses de invierno. María (3 años), en el centro de la piscina, valiente, con un flotador hecho de corchos naranjas.
Una vecina (bastante maja y educada, por cierto), se acerca a María. Con intención de piropearla, le pregunta:
–Pero, bueno, María, qué bien nadas. Y con tres añitos. ¿Tú qué eres, un pez o una sirenita?
María la mira con una lógica que trasciende todas las cortesías y le responde:
–Una niña, soy una niña.
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Era esto
- Beber un vaso de agua fría y que te siente mal porque la bebiste muy rápido, a lo bestia, como cuando eras joven
- Tener al día siguiente gastroenteritis, posiblemente por este motivo
- Ser consciente de que te pareces a la niña del exorcista cuando vomitas
- Que te moleste el sol en los ojos cuando llegas al campus. Bajarte del coche entumecido y con molestias por la lumbalgia que te ha salido por sentarte mal delante del ordenador
- Al intentar caminar, que te molesten las plantillas ortopédicas que llevas desde hace un par de años por tener los pies planos
- Llegar al departamento con cara de hecho polvo y que algunos compañeros te digan: «Qué cabrón. Qué cara de resaca tienes, golfo»
- No enterarte de lo que te dicen debido a un extraño estado febril que no termina de manifestarse del todo
- Descubrir que el Acuarius es un buen invento, cuando hace algunos años matabas por una Mahou y anteayer tu bebida idílica era el café
- Coger el coche para volver a casa
- Darte la vuelta a los veinte minutos porque te das cuenta de que te has olvidado el ordenador, posiblemente en clase
- Recuperarlo. Uff, menos mal
- Volver zombie a casa
- Meterte en la cama como Grecia, al borde del colapso
- Que tu mujer y tus hijas te vean ese estado tan lamentable originado, posiblemente, por un vaso de agua fría
Sí, amigos, tener cuarenta y dos años era esto.
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Ojos y besos
«Tengo una cámara fotográfica en los ojos. Y lo mejor es que la batería no se acaba nunca». (Mónica, seis años)»Estoy hablando con el duende de los besos». (María, de dos años, tras hablar por un teléfono de juguete)
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Aunque no lo creáis, hay una conspiración de los grandes poderosos de la Tierra para que to-cristo utilicemos la tipografía arial
Aunque no lo creáis, hay una conspiración de los grandes poderosos de la tierra para que to-cristo utilicemos la tipografía arial. Pensamiento plano. Sin matices. Eso sí, con mucha legibilidad. Ya se están empezando a imprimir con ella las primeras tarjetas de boda. Incluso el Día de Todos los Santos vi en el cementerio que algunas lápidas mostraban un lore ipsum en ese tipo de letra en 140 caracteres. Amigos, es el armagedón.
Mis intentos por destruir esta letra son vanos. Incluso el otro día le recordé a un colega periodista que la arial era una copia burda de la helvética. No sirvió de nada. Es más, se mostró indignado. «No, si está claro», espetó con rencor, «Tú nunca fuiste un periodista de raza, ni un comunicador con miles de followers… Por eso estás donde estás: en la enseñanza».
Intuyo que mis alumnos piensan igual.
Hablando de enseñanza: el otro día me llegó el informe de la ANECA (negativo, por supuesto). Estaba en arial.
Sí, amigos, los grandes poderosos quieren que todos seamos iguales y que pensemos igual. No te dejan ni elegir: o arial o arial. En otros ámbitos de la vida cotidiana la cosa no está mucho mejor: o PP o PSOE, o Barca o Madrid. Los del Atleti lo llevamos crudo, si es que alguna vez fuimos dichosos.
Si alguna vez veis este humilde blog con esa letra bastarda de arial, por favor, recordadme que un día fui feliz y que me gustaron los matices.
Por favor, decid conmigo: viva la georgia, viva la garamond, viva la meta serif. Vivan todas las letras con remates. Viva el ductus. ¡Vivan los matices, viva la diferencia, viva la pluralidad!
Buen lunes. Y no os olvidéis de ser felices.

Muestra de la tipografía arial. Dios mío, cómo no voy a odiarla -
Profesores, eternidades y una profesión más
H.B. Adams decía que «un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede predecir dónde acabará su influencia».
Ésta es una profesión tan difícil como apasionante, que no tiene retorno (ni emocional, ni económico) ni a corto ni a medio plazo. A menudo no la tiene ni siquiera a largo.
Sin embargo, creo que tengo la mejor profesión del mundo.
He encontrado en el blog de Marco Cimino este vídeo. Y no podía dejar de compartirlo aquí con vosotros.
En el título del post os decía que tengo una profesión más. Es más difícil que la docencia: soy padre de Mónica y María
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Aulas mágicas
Por regla general, las aulas universitarias son lugares mágicos. Cada curso son frecuentadas por docenas y docenas de jóvenes que tienen sueños y que piensan, afortunadamente, que éstos pueden convertirse en realidad.
Los chicos no lo saben o no se dan cuenta, pero el caso es que impregnan las aulas con su luz.
A veces, en clase, hay momentos de comunión en los que el tiempo se para y se escuchan los latidos de los corazones. Es como si los chicos adivinaran su futuro, como si levantaran los naipes de su destino.
En las aulas también he reencontrado al alumno que fui. En las aulas trabajo para ser la persona que quiero ser.
Y yo quiero seguir siendo profesor.
