Autor: Juan Pedro Molina Cañabate

  • ¿Pez o sirena?

    26 de junio, calor insoportable en la piscina de la comunidad de vecinos.

    Mis dos hijas, dentro del agua, pasándoselo bien. Mónica (7 años), nadando ya a varios estilos, haciendo valer las clases de natación que ha recibido en la escuela municipal durante los meses de invierno. María (3 años), en el centro de la piscina, valiente, con un flotador hecho de corchos naranjas.

    Una vecina (bastante maja y educada, por cierto), se acerca a María. Con intención de piropearla, le pregunta:

    –Pero, bueno, María, qué bien nadas. Y con tres añitos. ¿Tú qué eres, un pez o una sirenita?

    María la mira con una lógica que trasciende todas las cortesías y le responde:

    –Una niña, soy una niña.

  • Era esto

    1. Beber un vaso de agua fría y que te siente mal porque la bebiste muy rápido, a lo bestia, como cuando eras joven
    2. Tener al día siguiente gastroenteritis, posiblemente por este motivo
    3. Ser consciente de que te pareces a la niña del exorcista cuando vomitas
    4. Que te moleste el sol en los ojos cuando llegas al campus. Bajarte del coche entumecido y con molestias por la lumbalgia que te ha salido por sentarte mal delante del ordenador
    5. Al intentar caminar, que te molesten las plantillas ortopédicas que llevas desde hace un par de años por tener los pies planos
    6. Llegar al departamento con cara de hecho polvo y que algunos compañeros te digan: «Qué cabrón. Qué cara de resaca tienes, golfo»
    7. No enterarte de lo que te dicen debido a un extraño estado febril que no termina de manifestarse del todo
    8. Descubrir que el Acuarius es un buen invento, cuando hace algunos años matabas por una Mahou y anteayer tu bebida idílica era el café
    9. Coger el coche para volver a casa
    10. Darte la vuelta a los veinte minutos porque te das cuenta de que te has olvidado el ordenador, posiblemente en clase
    11. Recuperarlo. Uff, menos mal
    12. Volver  zombie a casa
    13. Meterte en la cama como Grecia, al borde del colapso
    14. Que tu mujer y tus hijas te vean ese estado tan lamentable originado, posiblemente, por un vaso de agua fría

    Sí, amigos, tener cuarenta y dos años era esto.

  • Hace diez años

    Sí,
    en una primavera de hace diez años
    ella me eligió a mí.

  • Flores

    ¿Todavía no ves
    las flores que crecen
    en tus manos?

  • Ojos y besos

    «Tengo una cámara fotográfica en los ojos. Y lo mejor es que la batería no se acaba nunca». (Mónica, seis años)»Estoy hablando con el duende de los besos». (María, de dos años,  tras hablar por un teléfono de juguete)

  • Siempre

    //www.instagram.com/embed.js—Papá, ¿yo me puedo casar contigo?

    —No, Moni, eso es imposible.

    —¿Por qué?

    —Porque los papás no se casan con sus hijas, Moni.

    —Es que yo quiero estar siempre contigo.

    —Pues no te preocupes por eso. Yo estaré contigo. Mañana y pasado. Incluso cuando te hagas mayor y te cases y tengas hijos. Y también cuando seas muy, muy, muy, pero que muy mayor y seas viejecita, entonces también voy a estar contigo. Voy a estar contigo siempre.

  • Aunque no lo creáis, hay una conspiración de los grandes poderosos de la Tierra para que to-cristo utilicemos la tipografía arial

    Aunque no lo creáis, hay una conspiración de los grandes poderosos de la tierra para que to-cristo utilicemos la tipografía arial. Pensamiento plano. Sin matices. Eso sí, con mucha legibilidad. Ya se están empezando a imprimir con ella las primeras tarjetas de boda. Incluso el Día de Todos los Santos vi en el cementerio que algunas lápidas mostraban un lore ipsum en ese tipo de letra en 140 caracteres. Amigos, es el armagedón.

    Mis intentos por destruir esta letra son vanos. Incluso el otro día le recordé a un colega periodista que la arial era una copia burda de la helvética. No sirvió de nada. Es más, se mostró indignado. «No, si está claro», espetó con rencor, «Tú nunca fuiste un periodista de raza, ni un comunicador con miles de followers… Por eso estás donde estás: en la enseñanza».

    Intuyo que mis alumnos piensan igual.

    Hablando de enseñanza: el otro día me llegó el informe de la ANECA (negativo, por supuesto). Estaba en arial.

    Sí, amigos, los grandes poderosos quieren que todos seamos iguales y que pensemos igual. No te dejan ni elegir: o arial o arial. En otros ámbitos de la vida cotidiana la cosa no está mucho mejor: o PP o PSOE, o Barca o Madrid. Los del Atleti lo llevamos crudo, si es que alguna vez fuimos dichosos.

    Si alguna vez veis este humilde blog con esa letra bastarda de arial, por favor, recordadme que un día fui feliz y que me gustaron los matices.

    Por favor, decid conmigo: viva la georgia, viva la garamond, viva la meta serif. Vivan todas las letras con remates. Viva el ductus. ¡Vivan los matices, viva la diferencia, viva la pluralidad!

    Buen lunes. Y no os olvidéis de ser felices.

    Muestra de la tipografía arial. Dios mío, cómo no voy a odiarla
  • Profesores, eternidades y una profesión más

    H.B. Adams decía que «un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede predecir dónde acabará su influencia».

    Ésta es una profesión tan difícil como apasionante, que no tiene retorno (ni emocional, ni económico) ni a corto ni a medio plazo. A menudo no la tiene ni siquiera a largo.

    Sin embargo, creo que tengo la mejor profesión del mundo.

    He encontrado en el blog de Marco Cimino este vídeo. Y no podía dejar de compartirlo aquí con vosotros.

    En el título del post os decía que tengo una profesión más. Es más difícil que la docencia: soy padre de Mónica y María

  • Aulas mágicas

    Por regla general, las aulas universitarias son lugares mágicos. Cada curso son frecuentadas por docenas y docenas de jóvenes que tienen sueños y que piensan, afortunadamente, que éstos pueden convertirse en realidad.

    Los chicos no lo saben o no se dan cuenta, pero el caso es que impregnan las aulas con su luz.

    A veces, en clase, hay momentos de comunión en los que el tiempo se para y se escuchan los latidos de los corazones. Es como si los chicos adivinaran su futuro, como si levantaran los naipes de su destino.

    En las aulas también he reencontrado al alumno que fui. En las aulas trabajo para ser la persona que quiero ser.

    Y yo quiero seguir siendo profesor.

  • La mano

    «Papá, ¿me das la mano?» (mi hija María, de dos años, antes de dormir).