Cabalgata de Reyes Magos en las afueras de Madrid, en el pueblo donde vivo.
Al paso de Melchor, un padre bromista le grita:
—¡Quiero el balón de la Liga! ¡Quiero el balón de la Liga!
Parece que Melchor pasará de largo. Está pendiente de repartir caramelos entre los niños. Pero no: ha oído al padre. Se da media vuelta le señala con el dedo, cómplice, sonriendo, y le contesta:
—¿Qué te crees? ¡Lo sabía! ¡Ya lo sabía!
Los Reyes Magos nunca fallan.

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