Los éxitos que me llegaron pronto ya están olvidados. Incluso por mí. Sin embargo, los capítulos más importantes de mi vida siempre se hicieron esperar.
En mi infancia aprendí a nadar tarde, pero ahora disfruto muchísimo cuando lo hago.
En mi juventud, mis mejores amigos aparecieron tarde. Pero, ignoro si es casualidad o no, son los verdaderos.
Tardé algo más de la cuenta en terminar la carrera porque tuve que cumplir con aquello que llamaban el servicio militar.
Tiempo después, escribí y defendí mi tesis doctoral algo tarde, pues mientras acometía esa quimera estaba trabajando en un periódico y, además, me pasaron muchas, muchísimas aventuras.
En mi madurez encontré el amor tarde. Y fue el verdadero.
Fui padre tarde.
Mi vocación profesional se hizo realidad cuando creí que ya no se cumpliría.
Aprendí a conducir tarde.
Quizá el término «tarde» es sinónimo de «en el momento justo». Quizá.
Este mes cumplí 46 años. Por eso sé, sin lugar a dudas, que lo bueno está por llegar.
Gracias por todas vuestras felicitaciones. Gracias por estar conmigo. Os quiero mucho, verdianos.

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