Uno decide seguir escribiendo y, de repente, se desata la alquimia. Suceden hechos prodigiosos e inesperados, se paran los relojes, sientes cerca a amigos lejanos. Uno decide seguir escribiendo y, de repente, todas las noches son esa noche, empiezan a aflorar ideas y te reconcilias con las palabras. Y todo (la magia, los relojes, las lejanías y las cercanías, las palabras) gravita sobre un sentimiento: qué maravilloso es estar vivo.
Feliz lunes, verdiano.

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