Ahora que nos comunicamos por whatsapp y que las amistades son avatares de Facebook, he tenido la suerte de hablar esta noche (en una conversación telefónica, pero cercana) con mi querido amigo Miguel Ángel. Me ha recordado una magnífica frase de la película El gran dictador: «Pensamos demasiado y sentimos muy poco».
En realidad, son necesarias muy pocas cosas para sentir. Quizá sólo basta con ser conscientes de que estamos vivos.
Cuando he colgado el teléfono me he sentado con mis hijas en el sofá y hemos estado un rato abrazados.
Que el universo te bendiga, Miguel Ángel.

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