//www.instagram.com/embed.jsPor la radio del coche suena música pop. Todavía me falta un buen trecho para llegar a la Universidad. Voy solo por la carretera. De repente empieza a llover y apago la radio para escuchar cómo caen las gotas sobre el techo y el parabrisas.
Clap-clap-clap.
Clap-clap-clap.
Recuerdo.
Cuando era pequeño, mis padres me compraron un abrigo, muy popular entonces, una coreana, de color azul marino y forro acolchado naranja. Si te subías del todo la cremallera, el abrigo sólo dejaba un pequeña apertura para los ojos. Las tardes de lluvia, cuando salía del cole, me gustaba subirme la cremallera y oír (en la capucha, junto a mis oídos), las gotas de lluvia.
Caminaba solo por la calle. Con la mochila a la espalda, escuchando la lluvia caer y escondido debajo de la capucha, sentía cierta felicidad y quizá también cierta seguridad: todo saldría bien; al final, todo saldría bien. Tenía once años.
Voy conduciendo rumbo a mi trabajo. He apagado la radio. La lluvia cae sobre el coche.
Todo saldrá bien; al final, todo saldrá bien. Tengo cuarenta y cinco años.
Clap-clap-clap.
Clap-clap-clap.

Replica a Paula Cancelar la respuesta