
Últimamente me paso demasiado tiempo delante de la pantalla juntando palabras. Estoy embarcado en un proyecto que me hace muchísima ilusión y que, párrafo a párrafo, se va convirtiendo en realidad. Ya os contaré, espero que pronto. Trabajo y disfruto con las palabras; amo la tipografía, no puede ser de otra manera.
Yo, que estoy fascinado con la sobriedad de la Garamond y que soy fiel a la Georgia, estoy descubriendo la belleza de algunas letras sans serif: los trazos curvos y humildes de la Calibri; el ductus humanista y moderno de la Open Sans y de la Lato; la funcionalidad de la Roboto.
Ya sé que os debo parecer friki. Pero, para mí, cuidar un texto con un tipo de letra es algo parecido a que un cantante cuide su voz. Palabrita. El tipo de letra es mi voz, parafraseando al gran Erik Spiekermann. Y creo, simplemente, que estoy buscando una voz más sencilla.

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