Me enteré ayer por la prensa de que el portaaviones Príncipe de Asturias (o R-11, como le llamábamos nosotros) va a ser desguazado. España no puede pagar su mantenimiento. Hubo un tiempo en que yo veía todos los días a ese gigante de acero. Fue en 1988, cuando me tocó hacer el servicio militar en la Base Naval de Rota.
Tranquilos, que no cunda el pánico: no voy a contar historias de la mili. Eso sí, diré una vez más que conservo amigos de aquella época, a quienes quiero muchísimo.
Extraños tiempos: lo que parecía invencible va al desguace, lo sutil permanece contra todo pronóstico en nuestra memoria, cambiamos y cambiamos de pensamiento sin cesar, y lo que hoy está arriba mañana estará abajo.
Tiempos en los que, como dice Zygmunt Bauman, «la incertidumbre es la única certeza».

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