Me he dado cuenta hoy en el metro: estoy cumpliendo años a una velocidad vertiginosa. No, no me han cedido un asiento, gracias a Dios. Tampoco me ha pedido la hora ningún joven llamándome de usted (aunque esto ya me ha pasado varias veces). La prueba inequívoca de que estoy cumpliendo años y de que empiezo a ser un hombre maduro es que hoy, en el metro, sin querer, he tuteado a un señor de sesenta años con una naturalidad pasmosa y él no se ha extrañado.
¿Sabéis lo más curioso? Que después de tutear al señor he caído en la cuenta de este hecho y, tras un segundo de asombro, me he sentido bien, como si hubiera sido pertinente utilizar ese tuteo toda la vida.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac.

Replica a Juan Pedro Cancelar la respuesta