- Beber un vaso de agua fría y que te siente mal porque la bebiste muy rápido, a lo bestia, como cuando eras joven
- Tener al día siguiente gastroenteritis, posiblemente por este motivo
- Ser consciente de que te pareces a la niña del exorcista cuando vomitas
- Que te moleste el sol en los ojos cuando llegas al campus. Bajarte del coche entumecido y con molestias por la lumbalgia que te ha salido por sentarte mal delante del ordenador
- Al intentar caminar, que te molesten las plantillas ortopédicas que llevas desde hace un par de años por tener los pies planos
- Llegar al departamento con cara de hecho polvo y que algunos compañeros te digan: «Qué cabrón. Qué cara de resaca tienes, golfo»
- No enterarte de lo que te dicen debido a un extraño estado febril que no termina de manifestarse del todo
- Descubrir que el Acuarius es un buen invento, cuando hace algunos años matabas por una Mahou y anteayer tu bebida idílica era el café
- Coger el coche para volver a casa
- Darte la vuelta a los veinte minutos porque te das cuenta de que te has olvidado el ordenador, posiblemente en clase
- Recuperarlo. Uff, menos mal
- Volver zombie a casa
- Meterte en la cama como Grecia, al borde del colapso
- Que tu mujer y tus hijas te vean ese estado tan lamentable originado, posiblemente, por un vaso de agua fría
Sí, amigos, tener cuarenta y dos años era esto.

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