Era un local pequeño y en penumbra. El viejo cantautor hizo una pausa al terminar una de las canciones. Estaba sentado en un taburete, con la guitarra apoyada en las piernas. Se giró a la derecha, alargó la mano y alcanzó un vaso de agua. Bebió con parsimonia. Luego, tras dejar el vaso en su sitio, se atusó la caballera y la barba, que los años habían tornado de marfil. Tenía una duda: ¿con qué pieza continuar?
Entonces, la voz de una chica se oyó entre el público: ella le pedía una canción, una canción muy específica. El viejo cantautor sonrió, suspiró y acometió los primeros acordes de aquella melodía.
El cantautor no era otro que George Moustaki, aquella chica era mi hermana Carmen y la canción que le pidió (una de mis preferidas) era Le métèque (El extranjero).
No olvidéis ser felices. Ah, por cierto, la foto ni fue tomada por mí ni se corresponde a ese día, sino que la he encontrado en el baúl de las sorpresas de Youtube. La historia, totalmente cierta, ocurrió hace muuuuuucho tiempo.

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