A veces escribo

Juan Pedro Molina Cañabate Narrativa y Ensayo

Antes te he confesado que no me considero escritor.

Me gano la vida siendo profesor titular de Universidad. Es el mejor trabajo que he tenido nunca. Porque empleos he tenido a cholón y desde los 19 años. Empleos de todas las categorías posibles, desde las más bajas a las más altas, las más cutres y las más glamurosas. He vivido éxitos y fracasos. También he encontrado buenos maestros.

Pero trabajos como la docencia, ninguno. Ahora me diréis que es porque tengo dos meses de vacaciones.

No. Esa no es la razón.

Mi trabajo me gusta porque cada año empiezo de nuevo y porque nunca sé cómo terminaré el cuatrimestre. También me gusta, sobre todo, porque cuando convives con gente de 20 años siempre estás mirando lo que te rodea de una forma diferente y te obligas a romper dogmas. Gracias a mis estudiantes soy menos cuñao de lo que, por edad, me tocaría ser.

Por cierto, mis estudiantes y yo mantenemos una, digamos, educada y distante cordialidad, y, que yo sepa, aún no han hecho vudú conmigo por una calificación injusta. Hubo un tiempo en que el profesor Keating me caía bien, pero el club de los poetas muertos no existe.

También soy doctor en Ciencias de la Información. Mi tesis fue sobre Literatura (Los personajes femeninos en la narrativa de Adolfo Bioy Casares) y me la dirigió Marta Portal que, además de ser mi profesora, fue y será siempre escritora de verdad. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido por haber confiado en mí.

He publicado algunas novelas, como El secreto de los buscadores de perlas (en Siruela), Nuevas ocasiones (en Ediciones Idea) o El último milagro de Santa Margarita (Editorial Sar Alejandría). También he publicado algunos relatos y poemas. Me gusta escribir sin pretensiones.

Créditos imagen: María Molina Santos.