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  • Instrucciones para celebrar agosto: bailar zumba (pero no de cualquier manera)

    Querido verdiano:

    El pasado agosto te di unas instrucciones para celebrar los últimos días del verano. En concreto, era el mítico ejercicio que mis hijas y yo llamamos Estatua.

    Bien, como estamos en el ecuador del estío, más o menos, te vamos a proponer, esta vez, un ejercicio más killer: bailar zumba. Pero no de cualquier manera. El quid está en que si eres chico pierdas toda inhibición.

    Ahí van los pasos. Son totalmente recomendables si tienes hijos. Así sabrán que su padre/madre no es Supermán/Superwoman. En realidad (amigo, amiga) te estamos haciendo un favor.

    1. Colócate delante de una pantalla (smartphone, tablet u ordenador).
    2. Pon este vídeo.
    3. Empieza a bailar zumba como si no hubiera mañana.
    4. Pon cara de póker cuando la instructora te diga que este ejercicio es para «celebrar tu feminidad».
    5. Pon cara de póker cuando la instructora diga que el ejercicio sirve para moldear tu pompis (pronunciado pppomppis).
    6. Si has aguantado el tipo, realiza este simple pero efectivo ejercicio: cuando la instructora diga «abdominales», di con tus hijas «domingales».
    7. Si, después de todo esto quieres seguir sintiendote un macho man, haz este ejercicio zumbero, pero de boxeo.
    8. Piensa que mañana te reirás mucho más.

  • Nuestros públicos

    Ocurrió cuando yo aún no había cumplido los treinta. Trabajaba en una agencia de comunicación y relaciones públicas. Un día, un grupo de consultores estábamos hablando de no me acuerdo bien qué actriz y, en ese momento, llegó C., uno de los directores de la agencia (uno de los más queridos, por cierto, y que con el paso del tiempo sería mi amigo) y empezó a participar en la conversación.

    Por entonces, C. tendría cincuenta años. Esa edad para mí quedaba lejanísima. Hoy, que dentro de poco estaré a cinco años de los cincuenta, me doy cuenta de que media vida pasa en un latido.

    –Anda, C., tío, que tú ya eres muy mayor –le dije con la ignorancia de la juventud.

    Entonces, C., en un gesto que le honró y con el que me dio una lección, me dijo, sin molestarse lo más mínimo y con cierta sonrisa:

    –Oye, oye, que yo tengo mi público, ¿eh?

    En efecto, todos tenemos nuestro públicos, jugamos nuestras propias ligas, nos marcamos nuestros objetivos y tenemos nuestros premios.

    Como a veces dejo de ser friki, hay días en los que paro de mirar páginas de tipografía y de dospuntocerismo y bajo a lo mundano. Leo el As y el Marca como todo hijo de vecino y también veo clips en Youtube. Hace poco, al ver uno de Kylie Minogue pensé: «Ay, Kylie, amiga, qué mayor te estás haciendo». Busqué su biografía y, ¿qué encuentro? Pues que sólo tiene un añito más que yo. Ostrás. Repito: ¡¡¡ostrás!!!

    Quizá por eso, cuando me encontré este otro vídeo de Jennifer López, directamente me quité el sombrero y pensé que la Jenny es mucha Jenny, aunque algunos digan que ya está mayor y la llamen choni y hortera. Jennifer, compañera: plas, plas, plas, plas. Abajo os dejo el vídeo.

    Por cierto, amigos, espero que estéis disfrutando de estos primeros días de verano.

     

  • Menos mal que no soy Onasis

    En pleno furor rojiblanco, esta tarde decidí enseñar a mis hijas mi colección de camisetas del Atleti. Total, cinco camisetillas de ná, de diferentes temporadas, a las que tengo mucho cariño porque responden a cinco etapas distintas de mi vida. «Ésta, hijas, es de tal año, y ésta de este otro…» explicaba a las niñas como si fuera un militar enseñando sus condecoraciones.

    En esto pasa mi mujer, que se las queda mirando. Muy pensativa.

    Repito, muy pensativa.

    –Oye, Juan –me dice.

    –Qué –respondo, casi solícito: no me lo podía creer ¡mi mujer se estaba interesando por mis camisetas del Atleti!

    –Nada –continúa seria–, es que estoy pensando que qué voy a hacer yo con todas estas camisetas cuando tú te mueras…

    –¿Quééééééé?

    Lo jodido, amigos, es que me lo estaba diciendo absolutamente en serio.

    –Pues mira, mi amor –le respondo con chufla–, quiero que me entierres con ellas.

    –¿Y no quieres que tus hijas las hereden? No sé, para que tengan un recuerdo.

    Me cago en la leche puta. Repito: mecago-enlaleche-puta.

    –Oh, sí, claro, cariño. Por supuesto, oh, eso está claro, que las hereden.

    Menos mal que no tengo ni tierras ni dinero. Menos mal que no soy Onasis. Este delirio se lo perdono a Marta porque, siendo seguidora del Madrid, nos acompañó a las niñas y a mí el otro día en la celebración de Neptuno y estuvo como una campeona allí, en la plaza del dios del mar, desde las 18:00 hasta las 21:30. Por sus hijas y por mí. Escuchando cánticos, a veces en contra de su equipo. Lo que hizo el otro día Marta es de esas cosas que sólo haces por las personas que quieres. Y, mirad, qué queréis que os diga: después de doce años de matrimonio y dos hijas en común, después que nos haya pasado casi de todo, de todo lo bueno y de todo lo malo, pues a los cónyuges se les coge algo de cariño, ¿no? Aunque se planteen qué van a hacer con tus camisetas cuando te mueras.

    Y ahora, como me lo merezco, me voy a autodedicar a mí mismo el vídeo de cómo mi Atleti ha ganado la Liga.

    Un, momento, un momento, una pregunta: ¿en la otra vida nos dejarán llevar camisetas? ¿Y rojiblancas?

    Espero que sí, porque si no paso de morirme.

    Os deseo una larguísima vida llena de felicidad, aunque sea de cosas pequeñas. Y sobre todo os deseo mucho humor y cariño, que, a fin de cuentas, es lo que nos queda y lo que, seguro, nos vamos a llevar, vayamos donde vayamos.

     

  • Caña de pescar, bate de béisbol

    Hace tiempo conocí a una persona bastante corta de entendederas que creía que yo siempre firmaba con mi segundo apellido para darme importancia. Creo que alguna vez le expliqué el porqué lo hago aunque creo que él nunca logró comprenderlo: firmo siempre con mi segundo apellido como pequeño homenaje a mi madre y, a mí, orgulloso hijo de mecánico ferroviario y ama de casa, ni me importa ni me interesa darme una importancia que no tengo. Cuando llego a los sitios y preveo que estaré mucho tiempo allí, siempre digo, cuando toman nota de mis apellidos (como regla mnemotécnica): «Caña de pescar y bate de béisbol».

    El caso es que, en mi caso, firmar con mi segundo apellido siempre me ha traído problemas. Por ejemplo: siempre lo escriben mal en certificados oficiales. Puedo entender que la gente dude si mi apellido se escribe con «b» o con «v» y que, incluso, se escriba Cabañete o Cabañate. Pero me han escrito, sin pudor alguno, Cañete, Cazabate… Bien, hoy he recibido un certificado en el que se escribe Cañalete. Hala, a lo grande.

    Ya sé que esto no interesa a nadie, pero debía, necesitaba decirlo. Un abrazo a todos y que tengáis unos días de merecido descanso.

  • Primavera 2014. Prometo solemnemente

    Primavera en Madrid. JPMC
    Primavera en Madrid. JPMC

    Hace unos días llegó la primavera. Las primeras golondrinas (aviones, mejor dicho, primos directos) llegaron al pueblo a habitar de nuevo sus nidos. El año pasado, la primavera y el verano se me escurrieron entre los dedos. Así que esta vez prometo solemnemente:

    • Enfadarme menos
    • Aunque estuve anteayer con mis hijas, volver al Museo Arqueológico y decirle a la Dama de Elche (con permiso de Marta) que sigo enamorado de ella
    • Observar al menos una vez al día el vuelo rasante de los vencejos
    • No demorar ni un momento cuando mi hija María me diga que quiere jugar conmigo
    • Preguntar a mis hijas, todas las noches, qué ha sido lo más bonito del día. Y también preguntarles qué es lo que menos les ha gustado
    • Hacer reír a mi mujer. Sobre todo los domingos por la tarde
    • Volver a hacer el gamberro con las niñas en la ducha.
    • No olvidarme de que los del Atleti somos únicos, ganemos o perdamos
    • Aunque soy agnóstico (y cada día más), voy a ir a la iglesia más cercana y voy a encender una vela por ese jefe que se murió y que me puteó tanto y tanto y tanto
    • Tomarme menos en serio. Bueno, la verdad es que esto ya lo hago.
  • Sobre genios y estúpidos, valientes y cobardes

    Me gusta pensar que no hay ni genios ni estúpidos. Prefiero creer que existen la Genialidad y la Estupidez, que ambas son traviesas y que pueden ir saltando de persona en persona como dos niños que juegan al pilla-pilla. He visto un millón de veces cómo personas consideradas como muy inteligentes cometían estupideces mayúsculas. Y también he visto cómo personas, tachadas de bobas durante la mayor parte de sus vidas, daban lecciones de vida dignas de premio nobel.

    Ocurre igual con el Valor y la Cobardía. He visto a líderes venirse abajo por reveses inesperados (casi estúpidos) y personas, aparentemente frágiles afrontar enfermedades graves (llámense cánceres incurables) con un arrojo fuera de lo común.

    Las etiquetas son nazis y necias. Pero, un momento, un momento. Voy a dejarlo aquí, porque no quiero etiquetar a las etiquetas.

  • Los bucles del tiempo

    De repente, viene algún amigo querido, a quien no has visto desde hace mucho, muchísimo tiempo. Te abraza y te dice que siempre se acordó de ti aun en la distancia. Dice que tú eres parte de su vida y que quiere seguir contando contigo.

    Sus palabras son luminosas y sinceras, bucles del tiempo.

  • Señor, la que me espera

    Conversación con mis dos hijas, esta noche, antes de su baño.

    Mónica (8 años): Papá, ya verás, algún día me voy a ir de casa (me dice enfadada)

    Yo (restando importancia y pensando en su futura adolescencia): Pues pronto empiezas, hija

    María (4 años): Moni, si te vas de casa, ya no podrás cenar pizza los viernes, ¿eh?

    Mónica: Me da igual, os vais a enterar. ¡Me voy a ir de casa!

    Yo (con mohín de desdén): Y adónde irás, hija…

    Mónica: Pues aquí al lado, que vive Óliver… [Óliver es un compañero del colegio]

    Yo: Ah, claro.

    María (levantando los brazos): Moni, entonces, si te vas de casa, ¡seré hija única! ¡Yupi! ¡Seré hija única!

  • «Quédate a mi lado, no te marches más» (Coppini)

    Ahora que Germán Coppini también se ha ido, todos estamos hablando mucho, quizá en exceso, de su canción más conocida, Malos tiempos para la lírica. Pero, personalmente, hay otras canciones suyas (compuestas para Golpes Bajos, en solitario o en colaboración) que me gustan tanto o más que ésta.

    ¿Os acordáis de Cena recalentada? Habla de la sensación de fracaso en la adolescencia o primera juventud. Este vídeo se emitió en La bola de cristal en 1983.

    En 1998, Coppini actualizó el tema, cambiándole el protagonista y algunos matices de la historia. A mí me parece tan buena como la original.

    No mires a los ojos de la gente forma parte de su álbum debut y a mí me recuerda siempre a verano. «Escóndete en el cuarto de los huéspedes, sólos a oscuras no pueden verte […] Quédate a mi lado, no te marches más».

    En Pepito Grillo, en colaboración con Nacho Cano (1986), habla, con forma de cuento tradicional, de la espera de un amor perdido al que le une un sentimiento protector.

    Dame un chupito de amor, también fue compuesta en colaboración con Cano. Habla del amor, de sus fases, de sus consecuencias, de consejos dados y recibidos.

    Y, venga, claro, a mí también me gusta Malos tiempos para la lírica. Por supuesto.

  • Me refería a esto

    Hace unos meses, cuando el verano tocaba a su fin, publiqué este post en la bitácora. Con él quería plantar cara al mal tiempo que se avecinaba. En Facebook, mi amigo Felipe me dijo, más o menos, que no importaba si fuera verano o invierno, pues en realidad todo lo que veíamos fuera no era más que el reflejo de lo que teníamos dentro.

    Hoy, vaciando la memoria de mi teléfono, he encontrado estas dos fotos. La primera corresponde a un amanecer del inicio del otoño, cuando mis hijas y yo salíamos de casa camino al cole.

    La segunda corresponde al paisaje medio nevado que, hace pocos días, nos encontramos al llegar al colegio. Felipe tenía razón. No importa que sea otoño o invierno.

    Me acuerdo de una cita de Albert Camus. Dice, más o menos, así: «En la profundidad del invierno finalmente descubrí que dentro de mí había un verano invencible«.

    Me alegro mucho de que estéis ahí, amigos.

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