Etiqueta: noche

  • Hace una noche fantástica en este balcón

    Hace una noche fantástica. Aquí en la terraza se está bien, ¿verdad? Yo siempre riego las plantas por las noches, de madrugada. Mira, esos de ahí son los geranios que viste en Instagram. Los que están más cerca, sí ésos, son del verano pasado. En invierno los cuidé mucho y fíjate cómo están ahora. Los del fondo me los dio mi vecina Alicia. Son silvestres y resisten más.

    Éstas de aquí son gitanillas, ¿ves? Son como geranios que caen. Tienen una flor preciosa. Y eso de allí que está en la jardinera, que parece césped alto, son en realidad bulbos. No han florecido todavía, pero tienen una flor como una amapola violeta. Y también, mira, aquí tengo lavanda y aquí romero. Hay noches que, después de regar, huele muy bien.

    Venga, ahora un chin-chin. Quién nos lo habría dicho, con lo que hemos sido y esta noche estamos brindando con cerceza sin alcohol. Madre mía.

    Luego me suelo quedar mirando a la urbanización. Mejor dicho, a la urba de enfrente. Me gusta mirar las ventanas. La luz que tienen. Casi todas suelen ser cálidas. Hay algún vecino que pone colores fríos o luces psicodélicas que cambian e color como en las discotecas. Pero son los menos.

    Es curioso, los vecinos están ahí. Pero apenas los veo. Esto es como la vida. Tú miras a las personas, pero en realidad estás viendo un balcón o una ventana. Porque se esconden y lo bonito es adivinar quién vive dentro. Pero siempre sin molestar.

    Hay noches que cuando estoy en la terraza, como tú y yo ahora, me gusta esconderme en un rincón porque intuyo que en la urba de enfrente también hay alguien que me está mirando. Me escondo, como los soldados de la Primera Guerra Mundial en las trincheras. Mañana será otro día, pero hoy, ahora, estamos aquí tranquilos. Cogiendo fuerzas.

    Chin-chin.

    Y ya si vemos una estrella fugaz será la leche.

    Imagen: Jeffrey Betts en StockSnap.io

    Escucha el texto en mi podcast.

  • Zorro comprende que la Justicia Divina no existe

    Fue esa noche, a las afueras del pueblo, cuando Zorro comprendió que la Justicia Divina era un invento de los humanos. Así ellos podrían seguir enfadados unos con otros y jurarse odio hasta el final de sus días.

    La idea de la Justicia Divina era seductora. Y erigirse en su brazo ejecutor debía ser, sencillamente, maravilloso. Zorro ya se imaginaba a sí mismo tapando con cera los cañones de la escopeta del cazador para que ésta le explotara en la cara. O manipulando sus cepos para que se cerraran en su mano. O asustándole para que cayera por un precipicio.

    Qué maravilla.

    Pero pensó que si hacía eso se convertiría en hombre. Y Zorro era sólo eso: un zorro. Ya le había costado mucho ser vegetariano. El camino estaba iniciado: de ningún modo podía volver atrás.

    Alzó las orejas. El viento de la noche le trajo el murmullo de unos humanos. Había que irse. Miró a la espesura del bosque. Intuyó el brillo de guardianes, protectores y otros hermanos. Y hacia allí encaminó sus pasos.

    Más cuentos del zorro

  • Nocturno

    Me asomo a la ventana en esta noche de verano.
    Siento fresco; estoy cansado pero aún no del todo.
    La brisa mueve las copas de los árboles
    y huele a césped y a tierra mojada.
    Todos parecen estar dormidos,
    pero
    en el edificio de enfrente una luz está encendida.
    Lo sé:
    probablemente, quien viva allí y yo tengamos los mismos sueños.